Tengo un amigo que se llama Chano aguayo, creo según me dijeron que aún vive.
Es una persona que en la actualidad ha de tener de 80 o más años. Yo tengo por lo menos unos 12 años que no lo veo. Es una persona inteligente, noble, bonachón y muy buen amigo.
Al escribir ésta anécdota que el me confió, espero no ofenderlo en lo más mínimo y al mismo tiempo reflejar cómo, cuando los gallos están bien y cortando, todo el mundo es sabio y conocedor y cuando no quieren cortar, afloran, para el criterio de los demás la ineptitud y la torpeza.
Mi amigo Chano aguayo vino hace algunos años a que le reafilara unas navajas. Vino por cierto muy temprano, serían como las 7 a.m. Me trajo por cierto un poco de longaniza o chorizo, que es muy usual acá por Guadalajara, que es donde radico y tengo el taller. También me trajo aproximadamente unos dos kilos de pierna de cerdo y me dijo lo siguiente: Yo no sé ni quiero saber nada, si tienes tiempo o no de atenderme, pero para que no digas que no, te traigo éste obsequio, dándomelo en la mano inmediatamente. Y te advierto, tengo que estar de regreso por la tarde antes de que oscurezca, porque próximamente voy a jugar mis gallos y no quiero que se me malpasen. El radicaba entonces, no sé si todavía, en la población de Tuxpan Jalisco y se hacen aproximadamente 2 horas de camino. Así que para no perder el tiempo me puse a trabajar pues eran bastantes navajas y calculé que me llevaría casi todo el día para afilar lo que me había llevado. El se sentó en una de las sillas que tenía para los clientes y acomodándose lo más confortable se puso a descansar. Pasado un buen rato, emitió una especie de suspiro y a continuación dijo: No cabe duda, cuando los gallos queren, a que fregón es Chano. ¡Ha, pero cuando no queren, naiden es más tarugo que Chano. Cómo, le pregunté, a ver, platícame ésa. Si me dijo, pos ora verás. El otro dia, hace como un mes y medio jugué en Ciudad Guzmán Jal, y los gallos ése dia se me pusieron tan cortadores como pocas veces en mi vida. Por decirlo así, como nunca.. Al grado que en la Iª pelea, mi gallo pasó por encima del otro volando y cuando se devolvió, le dio un corte en el cuello largo y profundo, fulminándolo por así decirlo. Cuando se vino la segunda pelea, mi gallo y el contrario se elevaron, encontrándose casi en el centro y al bajar, el contrario de mi gallo salió corriendo y después de haber recorrido mas o menos, metro y medio, abrió la cola en abanico y cayó entre estertores, muriendo. Cuando yo estaba armando el tercer gallo, un señor que se encontraba entre los espectadores, le dijo a uno que era su acompañante: Fíjate; por eso ése señor está ganando, fíjate con que paciencia le apunta la navaja, y si no está donde le gusta, nomás no la amarra. Ahora, por la edad que tiene ha de tener mucha experiencia y ha de saber mucho de acuerdo a los resultados. Que hombre tan confiable ha de ser amarrando. Yo sentí, cuando escuché esto, que me ponía hasta colorado, pues todos en el pueblo decían que yo era muy sope o muy tonto.
En la tercer pelea, el soltador contrario me soltó el gallo muy rápido y yo sentí que mi gallo se me iba a soltar de las manos sin yo quererlo, pues el contrario ya estaba casi encima de mí y no tuve mas remedio que soltarlo, temiendo que me fuera a cortar. Mi gallo al bajar, lesionó de muerte al otro dejándolo como vulgarmente se dice; como mariposita. El individuo de afuera que había hecho tan buenos comentarios acerca de su servidor, le dijo a su acompañante; te fijaste? Que hombre tan vivo, que serenidad y que conocimiento! lo aguantó y soltó en el momento preciso para ganar¡
Así mas o menos transcurrieron las 7 peleas habiéndolas ganado todas con bastante facilidad. Ya estaba recogiendo yo mis cosas (estuche, gallos, guililas, cajas, etc,) para trasladarme a mi casa, cuando me dijo el individuo que se había expresado tan bien de mí.
Señor, yo soy fulano de tal, ¡no me acuerdo de su nombre! Pa no echarte mentiras, y quiero que me haga favor de ir a soltarme unos gallos a la fiesta de colima. Voy a participar tal dia , y me dijo la fecha que por cierto era en noviembre. Me dijo, traigo unos gallos americanos de; y dijo algunos nombres o nombre que no entendí, pos yo no hablo gringo. Total, que según él eran muy buenos y muy finos y que creía que con esos gallos tenía asegurada la victoria. Pero aparte había contratado a uno de los mejores pastores que él conocía y que si yo accedía a armárselos y soltárselos consideraba el triunfo asegurado. Yo le expliqué que yo no me dedicaba a eso y que lo hacía por pura diversión, aunque cuando ganaba me divertía más que cuando perdía y que yo tenía que surtir algunos negocios de carnicería de mis hijos y que eso era diariamente por lo que no tenía oportunidad para hacer eso. Que por favor me entendiera y me disculpara. El hombre no se dio por vencido y sacando la chequera la desdobló y firmando enseguida un cheque , me dijo, ponga la cantidad que considere que puedan perder sus hijos y usted, mas lo que considere ganar en justicia por amarrarme y soltarme ése día, pero hágame ése favor, porque para mí es muy importante ganar ése dia. Como pude le expliqué, que yo no estaba dispuesto a pasar por un trance de ésos, que yo no quería ser responsable que por algún error mío se perdieran cantidades grandes de dinero pues al parecer ésta persona apostaba fuertes cantidades. Más de mal modo que de buena gana, el hombre al fin se retiró no sin dejar de mascullar algo entre dientes.
Ay! A los 18 días que juego en Comala. Ahí fue al revés. Yo sentía que mis gallitos iban bien. Iban alegres. Iban contentos. Yo pensé, me va a ir bien. Cuando empieza la función mi primer gallo pelea muy aceptable, cortando más o menos bien pero el otro le saca un tiro a la nuca y me lo mata. Para la segunda pelea me lo matan en 2 pasadas. Cuando estaba amarrando el tercero, una persona del publico a la cual yo alcancé a escuchar le dijo a otra; mira nomás a ése viejo, ya no ve, le hace como que le apunta la navaja por hacerle al cuento, pero no ve donde la está poniendo, por eso sus gallos no cortan y no van a cortar, y mientras no meta a alguien que vea bien y que sepa amarrar va a seguir perdiendo. Lo que debemos hacer es darle contra mientras él siga amarrando y soltando.
Enseguida solté el gallo, considero que un poco antes que el contrario, pero al soltarlo, mi gallo en vez de salir contra el contrario, se detuvo y atravesó un poquito y el contrario llegó y lo cortó en forma fulminante, dándole muerte.
La persona que se había expresado despectivamente de mí, le dijo a su acompañante, nomás hay que darle contra y el dinero está en tu bolsa. Más tarugo dónde lo agarras. Se lo mataron en las manos. Cuando mis gallos estaban cortando bien, todo estaba bien hecho, lo que yo hacía; era perfecto, todo me salía bien. Todo lo que yo hacía eran virtudes. ¡Era yo muy vivo!
Ahora que los gallos no querían cortar afloraban mis carencias, mis errores, y todo lo que yo hacía era incluso contra de mis animalitos. ¡Era yo muy tonto!
Por eso, reflexionando un poco me pongo a pensar y digo: Cuando los gallos queren ¡ha que fregón es Chano! Y cuando los gallos no queren ¡Naiden es más tarugo que Chano!
Un especial agradecimiento al Dr. Delgadillo de Navajas delgadillo por esta anécdota enviada para los lectores de Gallos Mexicanos.