Se dice que en cierta ocasión a una gallera, acompañado del presidente de cierta organización protectora de animales, llegó el dueño de dicha gallera, como eran muy buenos amigos, a pesar de las ideas tan diferentes que tenían.
Platicaban amenamente por entre lo corrales en donde se encontraban los gallos que estaban siendo preparados para su combate, y la plática continuaba y ambos le daban la vuelta al tema de las peleas de gallos, hasta que fue inevitable y cayeron en la discusión, el gallero, por su parte, defendía desde el punto de vista de la naturaleza misma del gallo diciéndole, "para eso vino al mundo, es inevitable" y el otro con el sentido protector del animal diciéndole otras tantas veces "sálvaje", sin más, de pronto le dijo el gallero que tenía que cerrar unos corrales que lo esperara por favor ahí y que no se moviera, en tanto el protector, se la pasó mirando los corrales y observando a las aves, como era algo avanzada la tarde, las aves se disponían a dormir en sus respectivos dormideros, cuando de pronto, se dió cuenta que un ave se acercó de manera curiosa hasta la malla que los separaba y escuchó una voz que decía:
"No se si mi dueño tenga la razón o tú, pero ni tu, ni el pueden quitarme mi misión, que por derecho mismo me corresponde y por favor, te lo pido, como ser pensante que eres.....No me quites la gloria de vivir o morir en el ruedo, ya que he nacido para vivir matando o morir peleando"
Un especial agradecimiento a Adolfo Obregón L. por el tiempo dedicado a enviarnos este bonito pensamiento para los lectores de Gallos Mexicanos.